Al habla con Chucky García, cabeza visible de Rock al Parque

Su nombre es una credencial del buen gusto por todo lo alto. De firma destacada del periodismo musical latino a programador con mayúsculas, promotor, mánager o booker, Chucky García cuenta con un background inabarcable que probablemente haya conseguido su máxima expresión con la labor de programador artístico que el colombiano desarrolla en Colombia al Parque y Rock al Parque; a punto de cumplir sus 25 años de existenciaeste, este último es el festival gratuito más grande de toda Latinoamérica. Premiado como Mejor Promotor Latinoamericano en los Premios Fest, Chucky formó parte en la pasada edición de Monkey Week Son Estrella Galicia de la primera expedición colombiana que recibirá este festival durante el proceso de hermanamiento iniciado con la escena independiente latina. Él es el responsable de que en unos meses bandas como Bala o Quentin Gas y Los Zíngaros den el salto a Colombia a través de IDARTES (Instituto Distrital de Las Artes). Un TOP que no desfallece en su búsqueda de nuevos talentos.

Hola Chucky. En primer lugar nos gustaría saber tu definición sobre el estado en el que se encuentra la escena musical en Colombia en general y en Bogotá en particular.

Puedo hablaros de una escena que está en construcción en cuanto a industria, que trata de generar sobre todo nuevos y más espacios de circulación. Son escenas que tienen una oferta musical realmente variada y con muchos contrastes. En Bogotá, por ejemplo, caben en una misma ciudad géneros diametralmente opuestos y que no solo dan fe de la importancia que aún ejercen los sonidos de raíz o tradicionales, sino de todos los géneros musicales originarios de otros países y otras industrias que con el tiempo (o la radio y el consumo música importada) se acentuaron y siguen estando presentes, ya sea a través de artistas que mantienen sus características originales o que las modificaron, las fusionaron y crearon algo nuevo a partir de algo primigenio.

Llevas tiempo como responsable de programación de rock Al parque. Desde ese punto de vista y centrándonos en bandas españolas, ¿qué tiene que tener un artista para poder aspirar a tocar en vuestro festival?

Sí, soy el programador o director artístico de Rock al Parque desde 2014, cuando el festival cumplió 20 años, y no creo que exista una fórmula o una receta para estar o tocar en el festival. Depende más de la programación que armamos para cada año. Es un proceso distinto al de la mayoría de festivales: no apuntamos a concretar primero unos headliners para luego a fichar una serie de bandas que de ahí para abajo puedan sumar espectadores. Apostamos a que el gran protagonista sea toda la programación como tal ofreciendo algo que tenga sentido, que tenga pertenencia. Buscamos que haya un balance entre bandas conocidas y opciones nuevas y que el cartel principalmente sea un reflejo del espíritu del festival: un festival de acceso gratuito para la gente, incluyente, que se hace en un parque de la ciudad de Bogotá, que se financia con recursos de la cultura. Más que ser un evento “trendy” buscamos complacer musicalmente a todas las personas que asisten, ya hablemos de público con gustos musicales más clásicos o público más radical. Hay un balance, en todo caso y como ya lo dije, y así es como fichamos bandas de metal, punk y hardcore, pero también de reggae, ska o rock alternativo. Y puede existir durante los tres días del festival una jornada completamente dedicada al metal, pues en los otros días tenemos cosas como un escenario femenino.

¿Consideras necesaria la creación de sinergias y redes que favorezca el intercambio de propuestas musicales entre España y Colombia?

No solo lo creo necesario sino urgente. Los colombianos hemos tenido una relación musical muy particular con España, más que nada por dos cosas: la primera es que en los años ochenta y noventa recibimos todo el boom del llamado “rock en español”, que era algo que se vivía solo en algunos países como México; y la segunda es que las emisoras colombianas (de radio en AM y FM) durante muchos años (incluyendo décadas como la de los sesenta o setenta) han difundido casi exclusivamente la música de los artistas españoles mainstream. Para muchos colombianos la nueva música española sigue siendo Alejandro Sanz, no La M.O.D.A, Vetusta Morla o Love Of Lesbian. Por otro lado, hemos sido más importadores de música española que exportadores de música colombiana hacia España. Haciendo un cálculo a la ligera, por cada 10 artistas españoles que nosotros hemos consumido aseguraría que en España solo han consumido un artista colombiano. Este panorama solo se puede empezar a cambiar a través de sinergias y redes que favorezcan el intercambio real y compensado.

¿Cómo fue tu experiencia en Monkey Week Son Estrella Galicia el año pasado y qué te llevó a decantarte por Bala y Quentin Gas y Los Zíngaros a la hora de contar con estas bandas para la edición de Rock al Parque de 2018?

Tanto Monkey Week como el Bime son eventos que a mi parecer comparten la línea curatorial de Rock al Parque, porque se trata de eventos que tienen justamente un balance entre lo que es más conocido y lo que no. Además creo que se realizan en ciudades que tienen carácter y que invitan a la vez a dejarte sorprender. Me decanté por Quentin Gas y Bala por sus directos, pero también tuvo que ver mucho que ambas bandas encajaban perfectamente en lo que estábamos organizando para 2018, con el tipo de música o de rock que queríamos abordar este año. En el caso de Bala concretamente también tuvo que ver el hecho de que buscábamos algo más cañero (como dirían ustedes) para programar en el Escenario Femenino de este año.

Lo que más cuesta para cruzar el puente a Latinoamérica son los viajes ¿Cómo crees que se podría operar entre países para lograr facilitar este paso? ¿Es una cuestión puramente institucional o hacen falta más agentes?

Yo creo que agentes sí que existen y que más allá de lo institucional se necesita que las empresas privadas o marcas que tienen presencia en los dos países se metan la mano en el bolsillo y apoyen este intercambio monetariamente. Y bueno, que los medios se enteren y lo divulguen. Pero hablando específicamente de la financiación de este intercambio, si esta se queda solamente en algo institucional, en algo en que la gente y los mismos agentes y artistas vean como meramente “cultural”, no lograremos avanzar demasiado y generar algo orgánico. El objetivo es conseguir algo que la gente asocie como una oferta de entretenimiento igual que todas las demás por las que el público puede pagar por sus tickets y estar expectante todo el año.

De forma resumida, ¿cuáles son los pasos que debería dar una banda española para conseguir asentar su música en el circuito colombiano?

Darse el aventón, arriesgarse a venir más allá de la invitación de un festival. Hacer un trabajo más de guerrilla que de disquera y entender que aquí las cosas en todo caso son muy heterogéneas. Que somos un país con un ADN tropical muy fuerte, que somos un país en el cual el baile es muy importante, pero en el que también existen nichos muy específicos y en los que la gente valora otras cosas y le gusta vivir otras experiencias.

En el caso de Bogotá, la cultura y la música están muy vinculadas a Idartes. ¿Por qué crees que se da este apoyo institucional de una forma tan distinta a como se da aquí en España?

Hemos tenido que vivir en un país que ha atravesado por procesos de violencia muy complejos. Hablo de una violencia que comenzó en los campos y que desplazó a la gente que vivía allí hacia las ciudades afectando de esta forma a las grandes ciudades y a nuestra sociedad en general. Y en medio de todo ese proceso, la cultura ha sido una forma de sacudirnos, de darle una voz y un reconocimiento a muchas de las víctimas, de ofrecer una mirada crítica y constructiva a todo eso por lo que hemos pasado. Entonces la cultura dejó de ser “testigo de” para acabar convirtiéndose en un “actriz de”. Idartes, por ejemplo tiene programas de creación artística para jóvenes y niños, campañas de acceso gratuito a los libros, de danza e incluso los Festivales al Parque. Y los Festivales al Parque, que son cinco en total siendo Rock al Parque el más conocido, lo que han permitido es que la gente pueda habitar un mismo espacio de la ciudad con muchísimas otras personas con las que comparte el gusto por la música en vivo, pero con las que muy seguramente nunca tendrá otro contacto por sus diferencias económicas, religiosa, o políticas. Esta es una ciudad de casi 10 millones de habitantes en la cual pues no es fácil en todo caso encontrarse con el resto de la población en espacios así. Cuando Rock al Parque nació en los noventa veníamos de vivir unos años muy duros en cuanto a narcoviolencia. La gente se había reguardado en su casa llevada por miedo y lo que el festival logró es que la ciudadanía se apropiara de un espacio público de la ciudad para volver a sentirse viva a través de la música. Con los años el festival ha logrado el estatus de patrimonio cultural de la ciudad, que es una situación que hoy conserva y que ha sido vital para que el próximo año cumpla su 25 aniversario.

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