CHUPA CABRA

GB

Roban el nombre de uno de los mitos urbanos más estrambóticos de América Latina; una declaración de intenciones que sitúa a los británicos Chupa Cabra en el imaginario de esa nueva generación de jóvenes hastiados por el pesimismo y la gentrificación. Sonido suburbial para gente a la que ya se le ha agotado la paciencia, esa es la fórmula de su éxito y probablemente también de su fracaso. Asentado en Deeside, este implacable trío lleva varios años afianzándose en el seno de esa cuna de inmundicia sonora que es el sello Trashmouth Records, hogar de bandas del calibre de Fat White Family, Meatraffle o Warmduscher. Su música, lacerante y herrumbrosa, supone la versión 4.0 del punk de los setenta y recopila toda la alienación, el desarraigo y la impureza de una escuela en la que el blues chorrea como alquitrán caliente entre capas de saliva y poliestireno expandido. Con una zarpa puesta en el garage de principios de los noventa (The Nomads, Mudhoney, The Raunch Hands) y otra en el swamp rock pringoso de bandas como X (los australianos) o Lubricated Goat, los galeses abordan con salvajismo la banda sonora perfecta para ilustrar el desenfreno que nos define como víctimas de la depresión postindustrial. Carne cruda. #punk-rock

‘Chupa Cabra’ (2018), un disco inflado de esteroides cuyos riffs conectan a mitos del punk como The Damned o The Buzzcocks con la locura expresionista de The Birthday Party.