DMBK (ES)

Artista

En contadas, muy contadas ocasiones, irrumpe con tanta fuerza en escena una banda como lo hizo Derby Motoreta’s Burrito Kachimba. Desde que un viernes 23 de febrero de 2018 “El salto del gitano” nos volara -literalmente- las cabezas, los sevillanos han crecido a pasos agigantados. Deprisa, deprisa. Fichaje instantáneo por Primavera Labels, un hatajo de singles formidables, ese mayúsculo LP homónimo de debut y un reguero de directos que no solo corrían como la pólvora sino que prendían incendios allá por donde pasaban. El milagro estaba hecho y la kinkidelia, su propio culto con un panteón de dioses y diosas entre la lisergia y lo macarra, estaba en marcha. Imparable. “Por qué Derby Motoreta’s Burrito Kachimba será la próxima gran banda española”, vaticinaba Fernando Navarro en su artículo para El País en el que glosaba las múltiples virtudes de un combo en estado de gracia, dispuestos a capitanear la enésima -y necesaria- regeneración del rock nacional. No fallaba el oráculo en sus predicciones. Colaboraciones con Rocío Márquez y Kiko Veneno, menciones en cabeceras internacionales como Billboard y Remezcla, apariciones en platós tan codiciados como los de “La Resistencia” y “Late Motiv”, y festivales aquí, allá y más allá. Y el Premio Ruido al Mejor Álbum Nacional heredado, ahí es nada, de Rosalía. A estos chicos de barrio con hambre de comerse el mundo, tan solo les pudo parar una pandemia. Y ni por esas. Porque nuestros DMBK, como se les conoce en familia, han aprovechado este lapsus forzoso para involucrarse en el regreso del cine quinqui -cómo no- a nuestras pantallas, protagonistas como serán de la banda sonora de “Las leyes de la frontera”, el último filme de Daniel Monzón sobre una novela de Javier Cercas y que ha llegado con éxito este otoño a nuestras pantallas. Pero también, y eso es lo que todos sus fieles esperábamos, para cocinar a fuego lento un segundo álbum que, como su título, promete enredarnos de nuevo en la madeja kinkidélica. “Hilo negro”, que así se llama el disco, se publicaba el pasado marzo con la lógica y acertada intención de consolidar no solo a sus autores como profetas en su tierra, sino también de hacer otro tanto con la kinkidelia como la religión de moda. Amén.

CON LA MÚSICA A OTRA PARTE: BSO CON DENOMINACIÓN DE ORIGEN INDIE

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