HABITAR LA MAR

Arisco, visceral e implacable como un vampiro dentro de un convento, así se destapa este quinteto crecido en las trincheras del noise impertérrito de los primeros noventa (los años de Unsane, The Jesus Lizard y Shellac). A tope de inercia y con todo el roce que cabría esperar en una formación creada para epatar, la locomotora que mueve a los jienenses Habitar La Mar se nutre del mismo carbón venenoso y radioactivo que otros foráneos como Idles, Shame, Metz o Daughters, bandas que al igual que estos andaluces decidieron anteponer la víscera a cualquier coartada intelectual, empleando todo su arsenal para animar el conflicto sónico. Digamos por lo tanto que lo de estos jinetes del apocalipsis ruidista no es para nada impostado, porque aquí hay sangre, sudor y amplis enchufados al once. Herederos del angst diletante de los viejos mitos del post-punk antipersona, Habitar La Mar son amigos de las distancias cortas y su colección de Eps editados hasta la fecha (con el flamante ‘Comedia yoica’ a la cabeza) se antojan lo mejor que podría haberle pasado al rock and roll en castellano en muchos años. Colocar en el mismo cajón de Lisabö y Cuchillo de Fuego. #hardcore-noise

Rescaten ‘La deriva’ (2019), su bautismo en forma de cinco cortes todavía endeudados con el noise punk neoyorquino de Band of Susans, Helmet o los primeros Sonic Youth.

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