PLÁGAROS

ES

La grandilocuencia rara vez computa en la escena independiente si no es para derivar hacia el arena rock, aunque hay nombres que han sido capaces en marcarse todo un hito generando una legión de fieles sin renunciar a cierto grado de autonomía. Casos como los de Muse o Arcade Fire forman parte de ese espacio mutante en el que la hipérbole deviene emoción desmedida. Lo mismo sucede con otros nombres del calibre de The Sleepy Jackson, The Ark o incluso Perfume Genius, espejos en los que podría reflejarse el dúo Plágaros. La hiperexpresividad de la que hacen gala los hermanos Ariz y Jon Plágaro nos conecta a su manera con el glam de los setenta, con T. Rex, con los primeros Roxy Music o con aquel Bowie trans dimensional que durante una época comandó la nave nodriza de las Arañas de Marte. Como bien apuntó Carlos Pérez de Ziriza en Mondo Sonoro, los de Gasteiz plantean un “cruce interestelar entre los Flaming Lips más marcianos, Prince y Frank Ocean”, ahí es nada. Rock progresivo (vayan temblando, jóvenes amantes de lo lo-fi), funk retro futurista, pop de cámara, art-rock… El chorreo de etiquetas que Plágaros son capaces de proyectar forma parte de un sustrato simbólico en el que el histrión y la ambigüedad devienen experiencia orgánica. #rock 

‘A Day, A Family & The Night’ (2020), un proteínico mejunje sonoro repleto de manierismos y ecos a bandas como Mercury Rev, The Lemon Twigs o The Auteurs.