VERDE PRATO

ES

Artista multidisciplinar, compositora tentacular e intuitiva rastreadora de sonidos referenciales, Ana Arsuaga (Tolosa, 1994) es ese tipo de creadora multiforme en constante viaje de regreso al instinto. Su música, libérrima y experimental aunque cercana, discurre a la par que una precoz carrera como miembro del trío post-punk Serpiente o de ese oscurísimo proyecto de witch house costumbrista llamado Mazmorra. Aunque Verde Prato, nombre prestado de un cuento de Giambattista Basile, probablemente sea su propuesta más personal, principalmente porque supone el acercamiento de Arsuaga a sus raíces de una forma natural. A solas, con apenas un teclado y la voz como muleta, la guipuzcoana se sitúa con Verde Prato en la vanguardia (o quizás la retaguardia) del folk más autóctono, manejando con inesperada libertad creativa los códigos de la música tradicional vasca hasta acabar pervirtiendo la cotidianeidad de su propio folclore con una peculiar sensibilidad dolosa y crepuscular. Deconstrucción de toda una identidad colectiva, Verde Prato es, en su soberbia reinterpretación del pasado, una proyección lírica de futuro empujada a mantener las maneras contemporáneas de un Connan Mockasin o una Cate Le Bon, pero sin pasar por alto la huella de aquellos versos garabateados en servilletas del inmortal Mikel Laboa. #folk

‘Verde Prato’, colección de canciones minimalistas recogidas de una sesión en directo que cuenta con seis temas en los que se mezcla el castellano, el euskera y el ruso.